top of page

LA FRACTURA DE HINTERLAND: Las elecciones en Sajonia-Anhalt y la agonía del consenso tradicional en la gobernabilidad europea.

hace 23 horas
11 min de lectura

Por Ángel Iglesias



La periferia alemana rompe el tablero y pondrá fin a la moderación política en la Unión Europea.


I. Prefacio: La Periferia Continental como Síntoma y Catalizador

El pasado 6 de septiembre las elecciones en el pequeño estado de Sajonia Anhalt, de apenas 2 millones de habitantes, arrojaron una victoria abrumadora (44% de los votos y 25 puntos por encima de los cristianodemócratas de la CDU) del partido extremista y marcadamente antieuropeo, Alternativa por Alemania (Afd). Resultaría tan tentador como reduccionista contemplar la dinámica política de los Länder orientales de la República Federal de Alemania bajo la óptica del mero anecdotario local o como una desviación exótica de la pauta de comportamiento del electorado europeo en general y centroeuropeo en particular. Semejante miopía analítica impide desentrañar el vector fundamental que atraviesa el orden contemporáneo: la periferia no representa un margen inerte, sino el laboratorio donde se precipitan las contradicciones de la postdemocracia tardía. El espacio del Hinterland sajón —castigado por una transición posterior a la reunificación y marcada por el despojo simbólico y la desarticulación industrial— constituye hoy el verdadero epicentro tectónico cuya onda es susceptible de resquebrajar los cimientos de la gobernabilidad europea.


Los resultados electorales en Sajonia-Anhalt no deben ser interpretados como un temblor episódico de la sociología electoral germánica, sino como la plasmación empírica de una profunda mutación sistémica. Asistimos a la crisis irreversible del paradigma de la Volkspartei —las grandes formaciones atrapalotodo, catch-all parties,  de la modernidad organizada— e, inherentemente, al colapso de la hegemonía del centro político liberal. Cuando el descontento de las masas periféricas reacciona frente a la dominación de las élites tecnocráticas de Bruselas y Berlín, la geografía del resentimiento deja de ser una hipótesis sociológica para convertirse en una fuerza constituyente. Lo que en Magdeburgo se manifiesta como impugnación identitaria y rechazo a las dinámicas de integración, en el corazón institucional de la Unión Europea se traduce como una parálisis sistémica de imprevisibles consecuencias geopolíticas.


El Caminante sobre el mar de nubes - Caspar David Friedrich
El Caminante sobre el mar de nubes - Caspar David Friedrich

 

Ángel Iglesias

El cuadro representa paisajes abruptos del Hiterland. Se asoma al abismo de la ingobernabilidad con triunfo de la irracionalidad sobre la racionalidad asociada a la tecnocracia de Bruselas.


Ángel Iglesias.


II. El Resentimiento Estructural y la Dialéctica del Desplazamiento

Para aprehender la naturaleza transformadora de estos comicios, resulta imprescindible desmontar el fetiche de la racionalidad económica como explicación unívoca del voto. El auge incesante en el Este de Alemania, y no solo,  de la AfD (Alternativa por Alemania) que la Oficina Federal para la Defensa de la Constitución (Bundesamt für Verfassungsschutz, BfV) califica como de extremismo radical, con planteamientos próximos al nacionalsocialismo, responde a una dialéctica del desplazamiento donde convergen el agravio moral, el déficit de reconocimiento y la erosión del contrato social neokeynesiano en el que, salvo matices, han coincidido tanto cristianodemócratas como socialdemócratas. Sin embargo, los procesos de integración comunitaria, orientados por la lógica incontestable del mercado único y la disciplina presupuestaria, operaron durante décadas como una apisonadora normativa sobre comunidades territoriales despojadas de sus anclajes de certidumbre.


La denominada dialéctica del desplazamiento posreunificación constituye el eje explicativo fundamental para comprender cómo el trauma socioeconómico experimentado en el Este alemán tras 1990 ha desembocado en una reconfiguración radical del mapa político contemporáneo. Este proceso se inicia con una fase de agudo despojo estructural y simbólico, desencadenada por la privatización acelerada e inmisericorde que articuló el organismo público Treuhandanstalt, la cual trajo consigo una desindustrialización fulminante, el desmantelamiento del tejido productivo de la Alemania oriental y la consolidación de una persistente brecha en la renta y la riqueza respecto a los Länder occidentales. Paralelamente a esta quiebra económica, se vertebró un profundo sentimiento de minusvaloración cívica y relegación cultural, en el que la ciudadanía de los Länder orientales percibió la reunificación no como un proceso de integración entre iguales, sino como una asimilación subordinada frente a la hegemonía institucional, política y axiológica del Occidente federal. Esta doble herencia de desarticulación material y agravio moral terminó por precipitar una virulenta reacción populista y soberanista en el seno del electorado, operando la mutación del malestar socioeconómico y de la anomia social en un poderoso vector de reafirmación identitaria de carácter defensivo. Así, la frustración latente y el resentimiento ante la pérdida de horizontes se canalizaron hacia una impugnación sistemática del consenso liberal y cosmopolita que articula la integración europea, convirtiendo al Hinterland excomunista en un bastión ideológico refractario a las prescripciones de la gobernabilidad supranacional y en el principal desafío para la estabilidad del centro político continental.


Sin duda, la desarticulación del tejido productivo a través del mito tecnocrático de la modernización generó un magma de desafección que el discurso demagógico ha sabido codificar con precisión quirúrgica. No estamos ante un conflicto de justicia distributiva clásica, sino ante un cisma cultural de naturaleza ontológica: la contraposición entre los beneficiarios de la hiperglobalización cosmopolita (anywheres) y los anclados a la dimensión territorial del Estado-nación (somewheres). Sajonia-Anhalt ha encarnado este último polo de resistencia frente a las prescripciones procedimentales de la gobernabilidad multinivel. El voto contestatario no busca la reforma del sistema; aspira a restaurar la frontera como espacio defensivo frente al flujo incontrolado de la alteridad y de la prescripción comunitaria.


III. El Resquebrajamiento del Cordón Sanitario y la Parálisis del Motor Franco-Alemán

El impacto más inmediato y demoledor de esta recomposición electoral se proyecta sobre la viabilidad del axioma ordenador de la política alemana: la validez inamovible de la Brandmauer o cortafuegos ideológico. La irrupción masiva de la opción populista contamina las ecuaciones de gobernabilidad en el Parlamento regional o Landtag y arrastra a los partidos tradicionales (CDU, SPD, FDP -sin representación-, Los Verdes) a esquemas de coalición contorsionados e inestables —las denominadas "coaliciones Kenia" o "Zimbabue" por los colores políticos que conforman sus banderas— cuya única coherencia interna estriba en la exclusión del adversario común. Semejante aritmética del bloqueo desgasta irremediablemente la legitimidad democrática de las instituciones y alimenta la narrativa populista de una "casta" monolítica unida contra la voluntad popular.


Esta acelerada erosión de la arquitectura de gobernabilidad institucional evidencia la profunda transición del paradigma clásico de la democracia consensual germánica hacia un paradigma emergente signado por la inestabilidad y la confrontación sistémica. En la configuración tradicional, la dinámica política gravitaba sobre un sólido consenso bipartidista articulado por las grandes formaciones de masas (Volksparteien), la vigencia dogmática de un cortafuegos categórico (Brandmauer) que aislaba de la gobernabilidad a los extremos del espectro político, y una inequívoca convergencia de las élites alrededor del europeísmo tecnocrático como eje del desarrollo estatal. Por el contrario, la fractura de este esquema ha dado paso a un escenario dominado por una acusada fragmentación parlamentaria y una polarización asimétrica, donde el discurso soberanista e iliberal experimenta un paulatino proceso de normalización en el debate público que erosiona la rigidez de los cordones sanitarios. Como consecuencia directa de este desplazamiento, el sistema político desemboca en el bloqueo institucional recurrente y en la necesidad de articular complejas coaliciones defensivas de contención, cuyo único propósito es la preservación de la gobernabilidad frente a la pujanza contestataria, reduciendo drásticamente el margen de maniobra estratégico del Ejecutivo tanto en la arena doméstica como en el proyecto de integración europea.


Así es: la repercusión de esta erosión doméstica se extiende con virulencia hacia el escenario supranacional. La República Federal de Alemania, tradicional ancla de estabilidad y garante de última instancia de la Unión Europea ve recortado su margen de maniobra estratégico. Un Canciller Federal condicionado por la fragilidad de su frente interno y acechado por la radicalización del voto en el Este se convierte en un actor débil en el Consejo Europeo. El motor francoalemán, arrastrado por la parálisis política de Berlín y la volatilidad institucional de París, pierde su capacidad de impulso transformador. Las grandes reformas pendientes en el seno de la Unión —desde la profundización de la Unión Monetaria hasta la revisión de la política migratoria y la defensa común, ahora tan importante— quedan congeladas por el temor de las élites alemanas a alimentar el incendio electoral en su propio territorio.


IV. La Impugnación del Pacto Verde (Green Deal) y la Resistencia Neo-Soberanista

Uno de los vectores más críticos donde el terremoto de Sajonia-Anhalt desarticula el proyecto comunitario es la política climática. El Green Deal, erigido por la Comisión Europea como el gran proyecto de refundación y legitimación del proceso de integración, encuentra en la geografía industrial y minera de Sajonia-Anhalt un muro de contención insalvable. La descarbonización forzada y el desmantelamiento de los sectores energéticos tradicionales son percibidas por la población local no como una transición ecológica justa, sino como una imposición colonial de la tecnocracia de Bruselas a expensas de la viabilidad económica regional. Primero, con el rechazo a la transición energética centralizada en donde el cuestionamiento de las directivas europeas sobre la descarbonización se transforma en un eficaz banderín de enganche para la derecha radical, que contrapone la soberanía energética nacional al utopismo verde de las élites urbanas. Segundo, con la repercusión de los costes de la transición energética en las pequeñas y medianas empresas del Land se aviva un discurso defensivo que tilda las normativas comunitarias de sabotaje a la competitividad industrial. Finalmente, el éxito de la contestación en Sajonia-Anhalt consolida una alianza objetiva con los regímenes iliberales y los partidos euroescépticos de la Europa Central y Oriental azuzados por la Rusia de Putin (el Grupo de Visegrado y sus derivadas), construyendo una alianza de bloqueo permanente frente a la agenda regulatoria de la Comisión.


En cualquier caso, la crisis de la política climática europea articulada en torno al Green Deal ilustra con nitidez la colisión entre el sesgo regulatorio de las instituciones supranacionales y las resistencias territoriales de la periferia continental. Este fenómeno se desencadena con la emisión e imposición de las ambiciosas directivas de descarbonización por parte de la Comisión Europea, las cuales impactan de lleno en regiones vulnerables como Sajonia-Anhalt, donde, como se ha señalado, son interpretadas en clave de desindustrialización forzada, destrucción del tejido productivo y amenaza inminente de desempleo estructural. Semejante percepción de agravio económico y marginación social es de inmediato capitalizada e instrumentalizada por las fuerzas del populismo soberanista, que transforman la desafección ambiental en un potente catalizador de reafirmación identitaria y rechazo a Bruselas. Finalmente, la onda de choque de esta resistencia regional se traslada al nivel federal, derivando en un severo bloqueo regulatorio en el Consejo de la Unión Europea debido a la incapacidad de Berlín para mantener una posición homogénea y respaldar nuevas normas climáticas vinculantes, hipotecando así la capacidad normativa del motor comunitario y evidenciando los límites sociopolíticos de la transición ecológica.

 

V. La Reconfiguración Ideológica del Parlamento Europeo y la Normalización del Iliberalismo

La proyección de los resultados de Sajonia-Anhalt sobre las dinámicas políticas europeas no es solo indirecta o gubernamental; afecta de forma directa al equilibrio de fuerzas en las instituciones supranacionales. La consolidación de la derecha radical, próxima al nacionalsocialismo, en este territorio anticipa y acelera la reconfiguración ideológica del Parlamento Europeo. La brecha histórica que separaba a la derecha liberal-conservadora tradicional (Grupo del Partido Popular Europeo) de los grupos euroescépticos y soberanistas (Conservadores Europeos y Reformistas -ECR- y Patriotas por Europa) muestra signos indudables de porosidad.


En este contexto, el proceso de "normalización" o de "asimilación inversa" está en marcha. Para no perder pie ante el empuje de las periferias contestatarias, la liberal derecha tradicional asume parcelas crecientes del programa soberanista: el endurecimiento punitivo de las políticas migratorias y de asilo, la retórica del repliegue identitario y el escepticismo ante la transferencia de nuevas competencias a Bruselas. Todo ello conlleva una recomposición del espectro político en el escenario europeo, que evidencia el tránsito irreversible desde el modelo de integración liberal hacia un paradigma emergente, reconfigurado por el más que probable empuje de las periferias contestatarias tras los resultados electorales en Sajonia-Anhalt. En el plano del dominio ideológico, el histórico equilibrio sustentado por la Gran Coalición entre el Partido Popular Europeo y los Socialistas y Demócratas cederá el paso a un claro desplazamiento de la hegemonía parlamentaria hacia la derecha soberanista. Esta alteración del centro de gravedad ideológico repercutirá de forma directa en el tratamiento de la política migratoria: la arquitectura previa, orientada al control fronterizo bajo el tamiz del garantismo de derechos y el derecho internacional, será desplazada por dinámicas de externalización radical de fronteras y por un severo repliegue nacionalista en la gestión del asilo.


En resumen, las transformaciones sectoriales e institucionales confirman una mutación de la gobernabilidad comunitaria. En materia de transición ecológica, el ambicioso Green Deal —concebido originariamente como un marco normativo, vinculante e indiscutible— es más que probable que sea desmantelado en favor de una agenda dominada por la desregulación, la introducción de "pausas ecológicas" y la exigencia de máxima flexibilidad para los sectores productivos. Por último, esta deriva afectará al núcleo mismo del proceso de integración, donde el clásico método comunitario orientativo hacia la ampliación sistemática de competencias cederá ante una estricta cooperación intergubernamental, condicionada por el ejercicio del veto soberanista y la revalorización de la frontera estatal como barrera defensiva frente a Bruselas.


Esta deriva erosiona el modelo de democracia deliberativa que pretendió encarnar la Unión Europea. El espacio público europeo, lejos de unificarse bajo los valores del cosmopolitismo kantiano, se fragmenta en trincheras identitarias que instrumentalizan el principio de subsidiaridad no para acercar la decisión al ciudadano, sino para blindar espacios de excepción iliberal frente al control del Estado de Derecho (Rechtsstaat).


VI. El Dilema Democrático de la Unión: Intergubernamentalismo Paralizado o Fragmentación de la Soberanía

Con todo ello, el temblor de Sajonia-Anhalt sitúa a la Unión Europea ante un dilema existencial de difícil resolución. La respuesta de las élites comunitarias ante el distanciamiento del electorado periférico ha oscilado tradicionalmente entre dos inercias igualmente defectuosas. La primera tiene que ver con la huida hacia adelante tecnocrática, consistente en profundizar la integración mediante la vía jurídica e institucional, ignorando, salvo excepciones,  la resistencia de los electorados nacionales y acentuando el déficit democrático. La segunda, por el contrario, se refiere a una especie de capitulación intergubernamental, materializada en una cesión constante ante la presión soberanista, vaciando de contenido la capacidad regulatoria comunitaria y devolviendo el veto a los Estados nacionales.


Este dilema existencial de la Unión Europea sitúa a la arquitectura institucional comunitaria ante un cruce de caminos donde tres opciones polares compiten por definir el futuro del proyecto supranacional en un contexto de acentuada polarización. En primer lugar, la vía de la huida tecnocrática insiste en profundizaciones funcionales mediante el activismo jurídico e institucional que, al carecer de la debida legitimación popular de origen, exacerba el distanciamiento del electorado y alimenta la reacción populista en las periferias regionales. En segundo término, la capitulación soberana representa el repliegue ante la presión euroescéptica, traduciéndose en la paralización decisoria del Consejo, la restitución del veto nacional como norma y el consiguiente vaciamiento de la dimensión regulatoria supranacional. Frente a estos dos atolladeros, la reconfiguración federativa emerge como una alternativa pragmática orientada a la estructuración de una Europa a varias velocidades; una geometría variable donde núcleos diferenciados de integración avanzan en áreas clave mientras se asume institucionalmente la disonancia política de las regiones refractarias, intentando conciliar la operatividad del proyecto común con la creciente heterogeneidad de sus Estados miembros.


Los recientes resultados electorales en Sajonia Anhalt son una advertencia de que la primera opción ha agotado su recorrido: cada avance supranacional sin la debida legitimación de origen genera un rendimiento decreciente en forma de radicalización populista, mientras que la segunda opción conduce inexorablemente a la irrelevancia geopolítica en un mundo multipolar dominado por grandes potencias continentales, China, USA, pero también las coaliciones del Sur Global como los BRICS. La resultante de este dilema no es la destrucción repentina de las instituciones comunitarias, sino su lenta degradación hacia una estructura de geometría variable, donde la integración se fragmenta en núcleos de cooperación reforzada mientras la periferia se consolida como una zona de disidencia normativa permanente.

 

VII. Epílogo: El Retorno de la Historia y la Redefinición de la Europa de los ciudadanos.

El resultado electoral en Sajonia-Anhalt señala la defunción definitiva de la ilusión sociológica que proclamaba el fin de las ideologías y el triunfo indiscutido de la fórmula compuesta por la democracia liberal más la economía de mercado. La Historia no solo no ha concluido, sino que regresa con el ímpetu de las pasiones identitarias y de los conflictos territoriales que la ingeniería social de Bruselas creyó haber subsumido en la juridificación de los procesos y procedimientos como instrumento de canalización del conflicto.


Si la Unión Europea pretende sobrevivir a la embestida soberanista que emana de sus propias periferias, debe realizar un diagnóstico desprovisto de condescendencia moral. Los populismos a uno y otro lado del espectro político no son una anomalía patológica que pueda erradicarse mediante la estigmatización o el mero recurso al cortafuegos institucional; es el síntoma deformado de una quiebra real en el contrato social de la posmodernidad. Reconstruir la legitimidad del proyecto europeo exige algo más que llamamientos retóricos al cosmopolitismo: requiere refundar la Europa de la Cohesión entre territorios y ciudadanos, restituir cierta capacidad rectora del Estado frente a la intemperie del mercado global y garantizar que la transición ecológica no se financie con el sacrificio de los vulnerables. De lo contrario, la fractura de Sajonia-Anhalt dejará de ser una excepción en el mapa para convertirse en el diseño definitivo del continente.



Ángel Iglesias Co-director y coordinador de investigación

 

Comentarios


  • Instagram
  • Facebook
  • YouTube
bottom of page